Lo
ocurrido la noche del sábado 28 de marzo de 2026 en el estadio Roberto “Flaco
Bala” Hernández no es un accidente ni un hecho aislado que debe marcar un punto
de inflexión en nuestro béisbol, lo ocurrido en esta fecha es la consecuencia
directa de una dirigencia que ha perdido el control, la visión y, sobre todo,
el compromiso con el béisbol panameño. Aquí ya no hay más espacio para más excusas
ni mentiras, la Federación Panameña de Béisbol (FEDEBEIS) y quienes la dirigen
son los RESPONSABLES DIRECTOS de lo que pasó y de lo que viene pasando desde
hace años.
Decidir
no garantizar condiciones mínimas de seguridad en un evento masivo no fue un
error operativo, fue una muestra clara de desconexión total con la realidad que
vivimos por parte de los que hoy “rigen el béisbol panameño”, y es que en este
caso hay un elemento aún más grave que no puede ser ignorado ni minimizado, la
FEDEBEIS de manera ABSOLUTAMENTE IRRESPONSABLE no contrató los servicios de
seguridad de la Policía Nacional, dejando un evento masivo sin el nivel de
control que una actividad de este tipo exige, y es que esa decisión no fue
menor, esa decisión fue determinante en lo ocurrido.
Lo que
ocurrió en las gradas, con familiares expuestos, fanáticos envueltos en
confrontaciones y jugadores que saltaron a las gradas a pelear y otros desde el
terreno utilizando objetos como bates y cascos para golpear a otros, es el
resultado de una cadena de decisiones equivocadas que se repiten una y otra
vez. Esto no aparece de la nada, esto pasa por la negligencia y la indiferencia
de una administración que dejó de entender lo que significa dirigir un deporte
nacional, y es que aquí no se puede suavizar lo que ocurrió, lo que se vivió
era EVITABLE y responde a una AUSENCIA TOTAL DE CONTROL, DE PLANIFICACIÓN Y DE
RESPONSABILIDAD por parte de la Dirigencia actual, y es que cuando una
estructura pierde la capacidad de anticipar y contener escenarios previsibles
deja de ser conducción y pasa a ser parte del problema.
Hay algo
que debe quedar absolutamente claro, las confrontaciones dentro del terreno de
juego pueden ocurrir, son situaciones propias de la intensidad del juego, del
momento competitivo y de la emoción del deporte, eso ha pasado siempre y
seguirá pasando aunque no lo queramos, sin embargo, lo que nunca debe ocurrir
es que ese tipo de situaciones escalen hacia las gradas, el terreno de juego
tiene sus propios mecanismos de contención, las gradas no, las gradas están
ocupadas por familias, por niños, por fanáticos que van a disfrutar del
espectáculo, no a exponerse a escenarios de riesgo. Cuando una confrontación
salta del terreno hacia las gradas deja de ser un incidente deportivo y pasa a
ser una falla grave de control, y esa falla tiene un responsable producto de la
ausencia de seguridad, la ausencia de presencia policial, la ausencia de un
sistema de contención que impida que lo que ocurre en el terreno se traslade al
público. Eso fue exactamente lo que ocurrió, y eso es responsabilidad directa y
absoluta de la FEDEBEIS por haber decidido no contratar seguridad, por querer
ahorrarse unos dólares que hoy nadie puede explicar en qué se utilizan
realmente, ese “ahorro” irresponsable tuvo consecuencias reales, fanáticos
expuestos, personas en riesgo, jugadores fuera de control en un espacio donde
nunca debieron estar, las gradas. Pero esto no fue casualidad, eso fue
consecuencia directa de una decisión equivocada que puso en peligro a quienes
sostienen este deporte desde las gradas, los familiares y fanáticos.
Aunque
parezca, el problema no empezó el sábado 28 de marzo, solo se hizo evidente
para todos, el béisbol panameño viene cayendo desde hace años y no por
casualidad, es el resultado de las últimas cuatro dirigencias consecutivas que
no han sido capaces de sostener, mucho menos de elevar, el nivel del deporte,
un deporte que ha perdido identidad, ha perdido calidad, ha perdido respeto por
el fanático, ha perdido orden en la organización de los torneos, ha debilitado
el desarrollo de peloteros, ha afectado la credibilidad del campeonato, y lo
más grave es que quienes han estado al frente de estas decisiones han
permanecido sin asumir responsabilidad alguna. Han tenido el control durante
años y lo único que han dejado es deterioro acumulado, van de fracaso en
fracaso, año tras año, torneo tras torneo, decisión tras decisión, y aun así
siguen allí como si nada estuviera pasando, esa permanencia no responde a méritos
ni a buenos resultados, responde a una desconexión absoluta con la realidad del
béisbol nacional, que se paga con una chequera, en la que no hay autocrítica, no
hay corrección, no hay intención real de cambiar el rumbo, lo que hay es una
continuidad que cada temporada confirma que el problema no es circunstancial, es
estructural, y dentro de esa estructura hay algo aún más delicado que no se
puede seguir ignorando.
Existen
manos que operan detrás del escenario, personas que no dan la cara, que no
asumen responsabilidades públicas, que se mantienen en cuerpos técnicos o en
espacios de influencia sin exposición, pero que terminan incidiendo
directamente en las decisiones que se toman desde la dirigencia, son los mismos
que han estado durante años moviendo piezas, colocando figuras en cargos
directivos y manejando el rumbo del béisbol desde la sombra, ese es el
verdadero problema de fondo. No solo quienes ocupan los cargos visibles, sino
quienes los utilizan como extensión de sus propios intereses, se esconden
cobardemente detrás de otros, manipulan, influyen, deciden sin asumir
consecuencias y han sido parte constante del deterioro que hoy se vive, ese
tipo de estructuras paralelas no construyen deporte, lo destruyen, porque no
responden al béisbol, responden a intereses particulares, y mientras eso no se
exponga ni se elimine, cualquier cambio superficial seguirá siendo
insuficiente.
Sin
desconectarnos de lo anterior, en la misma fecha se registró un segundo hecho
del en el estadio Roberto Mariano Bula en la Ciudad de Colón, donde se confirma
que esto no fue un evento puntual, sino que ha sido una forma de operar que se
ha repetido por años, lo que pasa es que no somos todos los que nos atrevemos a
exponer a estos que hoy siguen destruyendo el béisbol. Como es posible que en un
estadio recién entregado y con capacidad para cinco mil personas, estemos recibiendo
el doble, generando caos, descontrol y terminando con personas afectadas por
gas pimienta. Eso no es una falla menor, fue una evidencia clara de una gestión
que no controla ni lo básico, y aquí las preguntas son inevitables, ¿Quién
controla la boletería?, ¿Quién valida lo que se vende frente a la capacidad
real?, ¿Dónde queda el dinero de una sobreventa de esta magnitud?, ¿Quién
responde por el riesgo al que se expone al fanático?, este tipo de situaciones
no son nuevas, se han visto antes bajo las últimas cuatro administraciones, mala
organización, falta de control en accesos, ausencia de planificación logística
y cero transparencias en procesos básicos, lo ocurrido en Colón no fue un hecho
aislado, fue la confirmación de un patrón, un patrón que se ha repetido bajo
las últimas dirigencias sin que nadie lo pueda cambiar, sin que nadie los
detenga, sin que nadie asuma responsabilidades.
El
problema aquí es mucho más profundo que un incidente, es una dirigencia que
lleva años ocupando espacios sin generar resultados, sin elevar el nivel del
béisbol, sin construir una estructura sólida, sin fortalecer el talento joven,
sin respetar la historia del deporte. Son los mismos nombres, las mismas caras
y decisiones de hace años, y los resultados siguen siendo los mismos, NINGUNO
POSITIVO. Han abandonado el béisbol, lo han dejado a su
suerte, lo han “administrado” sin dirección, sin visión, sin compromiso real, y
lo han hecho mientras se mantienen aferrados a sus cargos como si el deterioro
no fuera evidente. Esa es la realidad que hoy nadie puede negar, no hay
liderazgo, no hay conducción, no hay capacidad de respuesta y sobre todo NO HAY
CREDIBILIDAD EN LA DIRIGENCIA, lo que hay es comodidad, permanencia y una INCAPACIDAD
PREOCUPANTE Y RAMPANTE de no reconocer que su ciclo está completamente agotado.
Esta situación ya no admite análisis suaves ni posiciones intermedias, más tomando
en cuenta que el deterioro es sostenido en el tiempo y se repite bajo las
últimas cuatro dirigencias, el problema ya no es circunstancial, es de quienes
han estado y siguen estando al frente y también de quienes operan desde la
sombra sin asumir nunca el costo de sus decisiones.
El
béisbol panameño no necesita más explicaciones ni más promesas, necesita
decisiones, y la primera de esas decisiones es clara y directa, la actual
dirigencia y quienes han formado parte de las últimas administraciones DEBEN
APARTARSE, DEBEN RENUNCIAR, DEBEN DEJAR DE SEGUIR HACIÉNDOLE DAÑO AL BÉISBOL, y
junto con ellos deben desaparecer esas estructuras ocultas que han manipulado
el rumbo del deporte durante muchos años. Porque cuando una estructura acumula
años de deterioro, cuando el producto pierde valor, cuando el fanático se
aleja, cuando los eventos se salen de control y cuando no hay resultados, lo
único que corresponde no es mantenerse, es hacerse a un lado, no por presión, no
por crítica, sino POR RESPONSABILIDAD, si es que la tuviesen. El béisbol
panameño no les pertenece a unos cuantos, y si no han podido levantarlo ni
sacarlo adelante, lo mínimo que pueden hacer es dejar que alguien más lo
intente sin interferencias, sin manipulaciones y sin intereses ocultos, no se
está pidiendo un ajuste, no se está pidiendo una revisión, se está exigiendo
una salida de toda la dirigencia actual y sus enchufados, porque seguir como
estamos no es una opción, y mientras más tiempo permanezcan en esos cargos y en
esas estructuras ocultas, mayor será el daño que seguirán causando a un deporte
que ya ha sido golpeado demasiado y que no puede soportar más años de abandono,
de improvisación y de fracaso sostenido.
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