TRAS FRACASO MONUMENTAL EN EL WBC 2026, la FEDEBEIS emite un comunicado que es un irrespeto a los amantes del béisbol panameño
La FEDEBEIS
no solo le falló a Panamá en el terreno, también le faltó el respeto al país
con un comunicado que pretende cerrar una herida deportiva profunda con
palabras vacías, frías y complacientes. Lo que ocurrió en el WBC 2026 no fue
una simple eliminación, no fue una decepción menor, no fue un resultado que
pueda maquillarse con agradecimientos y frases institucionales, lo que ocurrió
fue un FRACASO MONUMENTAL, y el mayor irrespeto viene ahora, cuando quieren
tratarnos como tontos, como si la afición panameña no hubiera visto cada juego,
como si no supiéramos exactamente dónde se perdió, cómo se perdió y quiénes son
los principales responsables de haber desperdiciado una oportunidad histórica.
Aquí no
se culpa a los peloteros, porque los peloteros siempre dan el máximo en cada
competencia, siempre compiten con orgullo, siempre representan al país con
entrega y siempre dejan en el terreno el corazón por Panamá. Este equipo,
además, era para muchos el mejor que se ha podido armar para esta competición
en la historia, un equipo muy balanceado y con lo mejor de lo mejor disponible
para competir, tal como lo dije en mi escrito anterior. Por eso duele más,
porque no faltó talento, lo que faltó fue dirección, visión, jerarquía y
capacidad real para conducir una selección de este nivel en el torneo más
exigente del béisbol internacional.
La
crítica principal tiene nombre y apellido, José Mayorga, no por capricho, no
por personalismos, sino por las decisiones erradas que tomó basadas en su
instinto, y no en la lógica y momento de juego, eso fue exactamente lo que
vimos todos los que estuvimos siguiendo los juegos, vimos a un soberbio manager
empoderado, creyendo solo en su criterio, cerrándose a la lectura real del
partido y tomando las decisiones erradas que tomó en momentos en los que Panamá
estaba en posición de ganar. No se trata de una percepción aislada, se trata de
una realidad evidente para cualquier persona que entienda este deporte y que
haya visto cómo se escaparon partidos que estaban a voluntad de ganar.
Y eso es
lo imperdonable, Panamá no estaba para salir eliminada de la manera en que
salió. Panamá estaba para clasificar a la siguiente ronda, y no solo eso,
estaba para hacerlo incluso de manera invicta con récord de 4 ganados y 0
perdidos, porque todos los juegos los tuvimos a voluntad de ganar, o a lo mejor
con un 3-1, pero las malas decisiones del mimado de la FEDEBEIS, Mayorga, nos
llevaron a quedar con marca de 1-3 y con la victoria de Canadá sobre Puerto
Rico, nos deja fuera de manera directa del próximo WBC 2030 y tendremos que ir
a una clasificación, por lo que ahora el camino vuelve a ser largo y complicado.
Esa es la verdad que la federación no quiere decir, porque decirla implicaría
reconocer que el fracaso no fue producto del destino ni de un batazo que no
cayó o de un pitcheo equivocado, sino del manejo errado de un equipo que
merecía un mánager del nivel que la competencia exigía.
Pero
sería ingenuo concentrar toda la responsabilidad solo en Mayorga, porque el
verdadero problema comenzó antes, desde el primer momento fue una irresponsabilidad
poner a un gerente que no estaba al mismo nivel de otras tantas selecciones que
participaban y mucho menos a un mánager que tampoco lo conocía nadie, allí fue
el inicio del fracaso, ya en abril de 2025 lo había advertido yo en mis redes
sociales, llevábamos un equipo y cuerpo técnico de calidad MLB y un mánager con
calidad de liga de barrio. Esa decisión no fue menor, esa decisión marcó el
rumbo de todo el torneo, cuando una federación tiene en sus manos uno de los
mejores grupos de jugadores que ha reunido Panamá para esta competición, no
puede actuar con mentalidad pequeña ni con criterios de conformismo, no se
puede manejar un compromiso de esta magnitud como si fuera un compromiso regional
cualquiera y de menor nivel, y mucho menos se puede improvisar o apostar por
perfiles que no estaban al nivel que este equipo exigía y merecía tener.
Ese
primer paso en falso de la federación fue irrespetar a la memoria de todos los
que amamos y conocemos este deporte y lo vivimos con pasión, porque el problema
no fue solamente deportivo, fue simbólico, fue histórico y fue profundamente doloroso
frente a la afición. En Panamá se respiraba ilusión, en Panamá se veía una
oportunidad real de trascender, el panameño sabía que había material para
competir de tú a tú, pero FEDEBEIS decidió conducir ese sueño con una apuesta
inferior al tamaño del reto. Allí estuvo el pecado original de este proceso, en
haber puesto a un mánager que los únicos que veían su “gran nivel” eran los de
la federación sin darse cuenta el nivel del equipo que tenía en las manos.
Y es
precisamente eso lo que hace que duela más, ya que cuando se piensa en las
otras opciones que sí existían, en las que se pudo haber llamado nombres como
Omar Moreno, Olmedo Sáenz o Fernando Seguinol, para gerenciar el equipo, y que
hubiese tenido un mánager de la altura, el nivel, la calidad, la trayectoria y
el respeto de Roberto Kelly, Einar Díaz, Julio Mosquera, Raúl Domínguez, o el
propio Luis Ortíz, a quien ni siquiera se llamó para preguntarle si quería
repetir como manager para el Clásico, tomando en cuenta que nos había primero
clasificado en la eliminatoria en 2022 y luego conseguía 2 victorias en el WBC
2023. Esa “omisión” por llamarlo de alguna manera, también retrata a la
Federación, porque evidencia una falta de visión, una falta de sentido
histórico y una falta de respeto por los resultados previos que sí merecían
consideración seria.
Lo más
ofensivo de todo es que la Federación, más que asumir el fracaso, cree y piensa
que lo que ha hecho ha sido correcto, y que debemos culpar a los peloteros que
no pudieron dar el hit o sacar el out en el momento oportuno. Eso no solo es
falso, es una maniobra cobarde para desviar la responsabilidad. Todo el que vio
los juegos sabe que la historia real fue otra, sabe que hubo un equipo con
talento suficiente, un cuerpo técnico de lujo y una oportunidad extraordinaria,
pero también sabe que hubo una cabeza principal tomando decisiones sin la
lógica y sin la lectura competitiva que este torneo demandaba.
Por eso
el comunicado resulta tan insultante, no representa ni da una disculpa real, no
hay un reconocimiento del fracaso, no hay una sola línea que refleje que
comprenden la dimensión del golpe que recibimos los fanáticos de este deporte
en el país. Hablan de esfuerzo, hablan de tradición, hablan de compromiso,
hablan del futuro, pero no se atreven a decir que lo que de verdad pasó fue un
fracaso mayúsculo. Y cuando una dirigencia recurre a ese tipo de redacción
burocrática después de una eliminación así de dolorosa, lo que hace es
confirmar que vive desconectada de la afición y de la realidad, ese comunicado
es un irrespeto para el país, porque intenta vendernos una versión dulce y
matizada de un desastre deportivo, como si aquí nadie entendiera béisbol, como
si bastara una nota elegante para tapar una cadena de errores que vio todo
Panamá.
La falta
de planificación y de conocimiento por los miembros que componen la Junta
Directiva de la Federación nos tiene en una situación crítica con nuestro “Deporte
Rey”. Han querido levantar una cortina de humo, vender que el torneo juvenil
fue bueno, que el torneo mayor es bueno solo porque los fanáticos van a los
estadios, pero eso no necesariamente se ve reflejado en los resultados, ese es
el autoengaño más peligroso de todos. La pasión del pueblo panameño por el
béisbol no puede seguir siendo utilizada para disfrazar la incapacidad
dirigencial. Que la gente apoye no significa que las cosas se estén haciendo
bien, que los estadios tengan ambiente no significa que la estructura esté
funcionando, el termómetro real está en la competencia internacional, y allí el
FRACASO es inminente, que quieren convertir la pasión del pueblo en certificado
de buena gestión, quieren usar el amor del panameño por el béisbol para
esconder su incapacidad.
Pero ya
basta, ya no alcanza con señalar errores, hay que exigir consecuencias, hay que
pedir que se vayan, pero hay que decirlo con firmeza y sin miedo, la dirigencia
de la FEDEBEIS debe entregar el béisbol panameño a gente que de verdad quiera
el desarrollo real del deporte, a personas con visión, con preparación, con
ambición internacional, con conocimiento profundo del juego y con respeto por
la historia y por el futuro de Panamá. El béisbol panameño no puede seguir
secuestrado los mismos que nos mantienen en una estructura que fracasa, que se
aplaude a sí misma y luego pretende salir limpia con un comunicado insultante.
La
dirigencia actual ya mostró su techo, mostró su mirada limitada, mostró que no
entiende el peso de lo que administra, mostró que no tiene la grandeza para
construir proyectos a la altura del talento panameño, mostró que cuando el país
necesita liderazgo, ofrece excusas, mostró que cuando el país necesita
autocrítica, ofrece retórica, mostró que cuando el país necesita cambios,
ofrece continuidad y esa continuidad hoy es inaceptable.
El
béisbol panameño necesita una sacudida profunda, necesita una renovación real,
necesita gente que no vea la Federación como un espacio de poder, sino como una
responsabilidad histórica, necesita dirigentes que entiendan que no basta con
organizar torneos y salir en fotos, que no basta con administrar calendarios y
firmar comunicados, que no basta con hablar de esfuerzo y sacrificio después
del golpe. Se necesita capacidad para tomar decisiones grandes, para escoger a
los mejores, para construir una ruta seria, para respetar el talento del país y
para dejar de desperdiciar generaciones enteras bajo una conducción que ya
quedó demostrada como insuficiente.
Y sí,
hay que hacer algo para que esta estructura cambie, no se puede seguir
entregando la representación más alta del béisbol panameño a decisiones
pequeñas, a apuestas sin sustento y a personas que llegan a esa instancia no
por el compromiso de llevar a Panamá al top del mundo, sino por la lógica
cerrada de una federación que se protege a sí misma. Quien llegue a dirigir o a
gerenciar un equipo nacional de esta magnitud debe estar allí por méritos
reales, por capacidad probada, por visión internacional y por resultados que
inspiren confianza, no por cercanía, no por comodidad, no por improvisación, no
por una estructura que ha demostrado no entender el peso de lo que administra.
Lo que
pasó en el WBC 2026 debe quedar grabado como una lección dolorosa, pero también
como un punto de quiebre, ya que no fue un simple tropiezo, fue la confirmación
de que Panamá puede tener grandes peloteros, puede tener un cuerpo técnico de
lujo, puede tener una afición extraordinaria, que lo demostró nuevamente con
mucha gente apoyando al equipo en Puerto Rico, y puede tener un equipo para
competir con cualquiera, pero mientras la FEDEBEIS siga tomando decisiones por
debajo del nivel que el béisbol panameño exige, los resultados seguirán siendo
insuficientes, y después del daño, lo mínimo era hablarle al país con verdad, y
ni siquiera eso pudieron hacer bien.
La FEDEBEIS
no solo fracasó en el torneo, también fracasó en su obligación de respetar la
inteligencia del país, y José Mayorga no solo quedó señalado por el resultado,
quedó señalado porque tuvo en sus manos un equipo capaz de hacer historia y lo
condujo con decisiones erradas, con soberbia competitiva y con una lectura de
juego impropia del escenario. Eso es lo que la afición vio, eso es lo que el
país sintió y eso es lo que ningún comunicado vacío podrá borrar, Fracasamos en
la cita más importante del béisbol mundial y no tuvimos a la altura ni de
reconocer ese fracaso.
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